Hoy, en pleno 2026, cuando las redes sociales han invadido nuestras vidas y la tecnología es cada vez más evolutiva, productiva y hasta riesgosa, vale la pena detenernos un momento a reflexionar. Los años pasan y la tecnología, el internet y todos los inventos digitales y modernos están ya plenamente integrados en nuestra vida cotidiana.
Recuerdo aquellos ayeres cuando las famosas PC y las clases de computación se proyectaban como carreras técnicas, junto a los capturistas de datos, allá por los años noventa. Con ello, en algunos centros educativos de secundaria y nivel medio superior, quedaron atrás los talleres de taquigrafía y mecanografía, sustituidos por las clases de computación. Desde ahí inició un proceso de transición: de lo tradicional a lo tecnológico, hasta llegar a lo que hoy conocemos como la era digital.
Para muchos, esta evolución tecnológica y digital es necesaria, pues la mayoría de sus avances se han convertido en herramientas indispensables que facilitan la vida y las actividades diarias de las personas. Y así sucede en todos los ámbitos: trabajo, hogar, educación, salud, comercio y comunicación. Todo esto ha absorbido a usuarios y consumidores del internet, con sus redes sociales y tendencias de contenido digital a través de celulares, tabletas y computadoras, manteniendo a la sociedad permanentemente conectada.
Si bien es cierto que todo esto puede ser positivo para la sociedad actual, también puede resultar destructivo y adictivo, dependiendo de cómo las personas utilicen estas nuevas herramientas tecnológicas y digitales. Podemos tener una puerta abierta al mundo, a la ciencia, a la educación, a las tendencias, a las noticias y a los acontecimientos; incluso conocer nuevos inventos y avances.
Pero también puede ser perjudicial cuando estos dispositivos —el celular, el internet y las redes sociales— se utilizan únicamente como medios de ocio, donde en lugar de aprender o buscar información valiosa, se pierde el tiempo consumiendo contenidos basura o incluso inapropiados.
Así que, retomando la pregunta inicial de este editorial: ¿cómo describir o cómo vemos a la sociedad actual en esta era digital, del internet y las redes sociales?
Me pregunto —y les pregunto a ustedes, estimados lectores—: ¿somos una sociedad más culta, más educada y mejor informada? ¿Hemos evolucionado con todo esto? ¿Somos más felices? ¿Nuestras vidas son realmente mejores ahora en esta era digital?
Sería cuestión de analizar detenidamente y mirar a nuestro alrededor —si el celular o las redes sociales nos lo permiten— para observar y contemplar nuestro entorno. Posiblemente cada quien tendrá una perspectiva diferente, y muchos quizá coincidan.
Hagamos el ejercicio, sin el ánimo de criticar a nadie. Simplemente observemos nuestro entorno y después respondamos estas interrogantes.
De antemano, gracias nuevamente por darle lectura a este editorial. Nos leemos la próxima semana.

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